Es sábado. Once con veintinueve minutos figuran en el reloj
de la pieza. Agradezco que estés leyendo esto y si lo estás leyendo pocos
minutos después de que lo escribí, estamos en la misma situación de sábado por
la noche. Anclados a la pantalla de la compu. Yo por enfermedad, desconozco cuál será tu
motivo.
Esto me da un poco de rabia, la que decidí volcar en el blog
con un poema que escribí en un momento de desquiciada furia (no era para tanto
la verdad). Tal vez te motive a moverte, tal vez te guste solo como proceso artístico,
no lo sé.
P.D: Dejo también un temazo que activa hasta la más
perezosas de las neuronas y te pide que destruyas el mundo.
"RABIA" Un viaje
a alta velocidad Sobre el
odio Con las
pupilas heladas, Rígidas,
de vidrio
Y con las manos de temblor.
Sólo, enjaulados y egoísta.
Sin sentidos, autista.
En las sombras.
Este viaje achica el mundo
Por debajo de mi alma.
Luna no eres nada
Sólo alimento de lobos.
Viaja esta cólera
Superando mi pecho
Atravesando mis voces blancas.
Borra la sonrisa que
Saluda al bohemio.
Y ni un amor cercano,
Tan cálido,
Será distinto de esta mirada.
El crespón en mi
Mata ese punto que era yo
Pintado en la vida
Es un cúmulo rojo,
Rojo ahora,
Al que teme el dios de la atalaya.
Arroja vida tu más letal rayo.
Caerá este en mi mayor suspiro
Que como dragón exalta mi pecho
Comprimiéndose en violencia.
Esto es algo a lo que me gusta llamar “cuento
interactivo”. Me gusta pensar que es algo nuevo pero de seguro no lo es. Bueno es
muy fácil en realidad. Abajo les dejo un cuento (uno que le gusto a varias
personas por fortuna) la idea es que hagan dos cosas al
leerlo: La primera es que lo lean con voz de niño (si es con el sonido de su
propia voz cuando eran chicos mucho mejor) Y en segundo lugar les recomiendo
que dejen sonar el tema del video mientras están leyendo.
No sé si esto les cambiará la vida pero
me parece interesante. Espero lo disfruten.
Coca-cola.
No sabés primo, jugamos por una Coca. Pero la de vidrio
que dicen que es más rica. Si llegaba a perder me iba a querer matar, creo que
cuesta como dos pesos la Coca esa, ¿de dónde iba a sacar plata si perdía? Yo sé
que Fede la compra sin drama, pero ¿si perdía yo? No sé, iba a tener que vender
el pilón de figus que me costó un huevo juntar o algo así. Vos sabes que mi
viejo no me da plata, y menos para gastar en boludeces. Tiene que comprarse sus
cosas porque sino después esta de mal humor, muy mal humor. No sabés boludo,
cuando no se compra sus cosas no le puedo ni hablar, se pone re nervioso y me
caga a pedos o peor. No sé si serán golosinas o remedios.
En fin. Hicimos una carrera de bicis. Yo no tengo bici,
pero la verdad ya me tenía re podrido Fede haciéndose el Shumajer con su
playera nueva. Encima todos los pibes lo alababan como si fuera un Dios, el
Dios de las bicis. Es mi amigo el pibe todo bien, pero me hace calentar cuando
se pone en estrella. Cuando presume tanto. Yo le dije -mucha bici, mucha bici
pero yo con la mía te gano- Ahí nomás todos los chicos empezaron a pudrirla, se
escuchó un murmullo general. Me miró y me dijo –dale cuando quieras, donde
quieras.-
Yo no tengo bici boludo, no sabía ni para que había hablado,
pero tuve que aceptar. Le pedí para ese mismo día. Tenía que aprovechar que esa
tarde mi viejo no trabajaba para sacarle su bici. Era ahí mismo o nunca. La
saque a escondida, igual pobre estaba re dormido el viejo, ni cuenta se dio.
Anda medio enfermo, creo que el frío le hizo mal. Porque la chapa de mi pieza
se rompió y entra aire. Así que me dijo que use el acolchado, el único
acolchado que tenemos en casa. El quedó así nomás, con lo puesto. Así que, creo
yo, que el frío lo debe haber enfermado. Está tomando más remedios que antes,
esos que se compra él, y algún trago que siempre me dice que te hace entrar en
calor. Bueno, llegué con la bici a donde estaban los chicos. Medio que se
cagaron de risa porque esta hecha bolsa la bici pero no les di bola. Sé que la
bici es buena porque la usa mi papá todos los días para el laburo. Y el carro
ese que tira, cuando tiene suerte y puede juntar mucho cartón y eso, pesa un
huevo. Un par de veces yo lo acompañe un par de veces. Me decía que no me
quería dejar solo en casa los días que no teníamos clases, así que iba y lo
ayudaba un poco. No sabés lo que es ese carro cuando está bien lleno, yo no sé
como lo mueve. Si la bici se banca eso es porque es buena, está hecha mierda
pero se la re banca. Me gustaría que mi papá se pueda conseguir otra, así al
menos me queda para mí la bicicleta.
La carrera era en la calle donde nos juntamos siempre,
doblábamos en el chino para agarrar Achaga. A lo último doblábamos en la de mi
casa y llegábamos a donde habíamos arrancado. Matías nos dijo el “ya” y al
toque se me fue a la mierda. Iba re rápido, con la bici nueva es entendible. La
mía era más dura que la mierda. Cuando llegamos al chino me di cuenta que no
podía frenar bien, porque la playera es a contra pedal y no estaba acostumbrado,
ahí me le acerqué. Hice como vi una vez en la casa de un amigo que tiene tele.
Estaban dando una carrera de motos y, mirándolos, me di cuenta que los tipos se
abren para doblar y hacen equilibrio con la pata estirada. No sabés, doblé re
bien y eso que no tenía frenos mi bici. De nuevo empezó a ir más rápido que yo
pero en Achaga lo pasé. Viste que por esa calle siempre pasan los bondis, bueno
venía uno de frente que se notaba que iba a llegar antes que nosotros al lugar
donde teníamos que doblar. Se cagó todo
él, frenó y dobló por afuera del colectivo. Yo me mandé por donde tenía que
pasar. El bondi pegó una frenada y me pasó raspando. No sabés el cagazo que me
pegué, te juro que no lo hago nunca más pero boludo, dos mangos para la coca,
dos mangos, de dónde querés que saque. Me mandé, me cago a puteadas el chofer y
todo.
Ahí si le saqué una buena ventaja, me quedaba una cuadra
más o menos. Acelere lo más rápido que pude, así y todo el guacho casi me
alcanza en el último tramo. Al final gané, todavía me duraba el cagazo pero
gané. Lo re jodí a Fede. Le hacía “chiva”
y le cantaba “calentitos los panchos”. Pero
se copó, pagó la apuesta. La tomamos con los pibes, Fede también. Es mi amigo
el boludo aunque lo joda.
No sabés lo rica que es la Coca primo. Nunca había tomado
yo, estaba buenísima. Te juro que el día que gane otra apuesta te traigo un
poco para que la pruebes.
Hoy me vino a la mente una historia que me ocurrió en una
linda noche veraniega. Por fortuna la recordé por caprichos de la mente y no
porque me sucedió algo parecido ya que no fue muy agradable.
Sucedió que un día yo me encontraba en una farmacia. Una de
esas grandes que ocupan toda una esquina y te atienden y cobran en varios pasos
cual si fueran la AFIP. Obviamente a alguien de mi escasa suerte le iba a tocar
el número 70 cuando recién iban por el 42. Así que me puse a dar vueltas por
ahí buscando algo con que entretenerme. Sí, soy un niño que no tolera el
aburrimiento y no, no tenía un libro conmigo, me hubiese encantado pero no lo tenía.
Me reí de un par de nombres de medicamentos, mire las tinturas imaginando como
me quedaría la cabeza con alguna de ellas y me probé todo los perfumes que podían,
regalándole así a mi yo más “rata” una alegría.
Finalmente sucedió el singular evento. Fue cuando tenía uno
de mis regateos con la balanza. Ella me decía 85 kg y yo le retrucaba 82 kg
(esto ocurrió a mis tiernos veinte años aclaro). Todos se juntaron en un ala
del lugar; me acerque a ver qué era lo que llamaba la atención. Una señora se
encontraba en el piso desmayada. Se formó un barullo organizado entre todos los
clientes del lugar, trataban de imponer que era lo mejor que se podía hacer por
la salud de la señora.
Yo no tenía la menor idea de que hacer (no me enorgullece
confesar que putie a la señora porque quería que me atiendan). Por suerte para
ella se desvaneció en una farmacia. Que mejor lugar para tener un percance de
salud ¿no?( Bueno tal vez mejor todavía es que te pase en un hospital pero se
entiende). a los pocos minutos, un par de los empleados de la farmacia estaban atendiendo a la infortunada. solo fueron dos, calculo que los mas capacitados, los otros buscaban agua, llamaban al SAME y evitaban a los clientes que se creían médicos meter las narices. no recuerdo todo al pie de la letra, les debo todo el procedimiento de recupero de conciencia de la jubilada.
Todo lo acontecido solo me dejo una pregunta rondando la
cabeza al salir de ahí, desapareció un tiempo y ahora volvió a mi memoria. Me pregunto
¿Qué hubiese hecho yo si hubiera sido el único para ayudar a la abuelita? Hasta
el día de hoy no tengo respuesta. No hubiese hecho más que pedir ayuda a los
gritos mientras llamaba una ambulancia que tardaría dos horas en llegar. Como mucho
podría haber intentado algo completamente intuitivo que a la vista de cualquier
médico me lo juzgaría como una negligencia. Los chicos de la farmacia contaban
con algo importantísimo, sabían primeros auxilios. Algo que por lo que me
dijeron no lleva más que una ínfima porción de tiempo aprender, al menos lo
suficiente para salvar una vida.
¿Por qué no nos enseñaron esto en la escuela? Creo que habría
sido un conocimiento útil para la vida. Tan útil como matemática, lengua, saber
la constitución, tocar la canción de Titanic con la flauta dulce, etc., etc. No
es que considero que deben sacar las clases de arte, música y demás. Pero así
como se hacer un posa-pava con palitos de helado, creo que me serviría mucho
poder salvarle la vida a un ser querido o a un anónimo que pasa por la calle.
Repito, no quiero sacar profesores de las escuelas. El arte,
la música, la gimnasia, etc. son asignaturas muy valoradas. Pero creo que deben
enseñarles a los chicos primeros auxilios. Si no lo hacen porque piensan que
los chicos no están preparados solo me permito indignarme por su ignorancia. Es
la misma que está atrasando la llegada de la educación sexual a las clases. Los
chicos, aunque les sorprenda, son más inteligentes de lo que creen, no los
subestimen. Tal vez el día de mañana algún pibe de unos diesi algo les quite un
pedazo de carne de la garganta con una maniobra Heimlich bien hecha.
les dejo este video para que vayan aprendiendo un poco al menos. vale la pena saber esto.
¡¡¡MOMENTO, MOMENTO!!!... no entren todavía
al link que les deje en la parte de arriba. Permítanme explicarles primero que
es.
Ese hipervínculo los llevara a una
revista literaria llamada LA ANÓNIMA/REVISTA POÉTICA, en la cual tuve el placer
de ser publicado con uno de mis poemas. Tómense un minuto para entrar y darle una
ojeada porque merece mucho la pena. Su estilo
y formato es por demás atractivo, y también encontraran gran variedad de
artistas talentosos.
El poema con el participe se los dejo a continuación.
No es más que un lamento por un amor no correspondido (temas universales si los
hay) pero espero lo disfruten.
Se
despertó porque la cabeza le explotaba. Desde adentro del cráneo parecía que le
golpeaban con un martillo y, por momentos, sentía que en vez de un martillo era
un cuchillo enorme el que le perforaba los sesos. Quiso prender la tele para
ver qué hora era pero no encendía.
Apretó con fuerza los botones tratando de exprimir lo último que
regalaban las pilas pero era inútil, no había luz.
Se
paró a los tumbos, puteando su falta de equilibrio. Quería saber al menos la
hora y no tenía un puto reloj en ese dos por dos en donde caía a dormir a
veces. Estaba todo oscuro, pero afuera podía ser de día y las ventanas cerradas
no permitían que entre el sol ni el aire fresco. El celular estaba apagado, no
tenía batería. Corrió al toma corriente más cercano para conectarlo, al minuto
volvió a insultar al aire por no recordar la falta de luz.
Seguía sin saber la hora. A tientas manoteo en
un cajón una vela consumida. La cabeza le seguía doliendo. Prendió la vela y
fue hasta la heladera a buscar un limón – un trago de jugo puro y listo, te salva la vida- pensó. Esa receta
secreta lo había salvado varias veces en el pasado. Sin embargo no había limón,
ni remedios, ni nada. un poco de agua fría que usó para sacarse ese sabor
asqueroso que sentía en la boca y no le dejaba prender un cigarrillo. La ceniza
cayó al piso, de todas formas, estaba sucio. La solución que ideó para la
resaca era la de seguir borracho hasta encontrar un maldito limón. No había
whisky en ningún lado, salvo un poco en su petaquita de metal. Le dio un beso
al pico. Era nacional, y tenía un gusto de mierda, pero era lo que tenía por el
momento.
Ahora
que se ponía a pensar un poco, cayó en la cuenta que no sólo no sabía la hora,
tampoco sabía que día era. Si era lunes tenía que ir a trabajar. Si era martes
ya tendría que estar buscando un nuevo trabajo.
Sacó
el celular de su bolsillo y lo arrojó en la mesa. Aunque estuviera prendido
dudaba que alguien lo llamara o le mandara mensajes. Ya no recordaba que música
sonaba en el aparato cuando recibía una llamada. Estaba peleado con su familia,
por lo que no esperaba llamados de ellos. Esperaba algún llamado de sus amigos
pero suponía que los había perdido hace tiempo. Le agarró hambre, ya dos días
sin comer. Y no tenía algo que le quite el apetito mágicamente como ayer. Vio
el espejito sobre la mesa, ese tan lindo que le sacó a su hermana cuando se fue
de casa. No se reflejaba nada ya en él, tenía marcas de dedos, manchas, gotas
de sangre ya seca. Que no hubiera luz no le ayudaba a intentar encontrar “algo”
en el espejito. Le pasó la lengua por toda la superficie y no encontró nada más
que el gusto de la coagulación en la boca. Tal vez solo me duele la cabeza de
hambre – se dijo a sí mismo. Tomo otro trago de whisky y le dio otra pitada al
pucho.
La
oscuridad de pronto fue perforada por un rayo de sol y el sonido de la puerta
que se cerraba retumbó el lugar. La mujer que dormía anoche junto a él se había
ido. Se inclinó en su silla y pensó –la
puta madre no le pregunté el nombre-. Sopló el humo al techo y dijo en voz
alta –La puta madre le hubiese
preguntado qué hora era-.